El mismo agüizote con distinto rabo

Foto: Moisés Mairena / Conexiones.com.ni

Una brisa cae sobre los disfrazados que se reúnen en los alrededores de la iglesia católica Magdalena, en Masaya. Son poco después de la siete de la noche. Espantos y personajes míticos siguen llegando. Agüizotes y disfraces de Halloween se confunden entre la multitud.

Se concentran, sin capearse de la lluvia, el inicio procesión de los agüizotes, cuyo ritual es heredado de las leyendas indígenas monimboseñas. Este viernes es 29 de octubre de 2010.

Las trompetas de una banda filarmónica suenan. Un señor de unos 50 años, sucio desde su cabellera hasta sus zapatillas rotas, ebrio, se mueve, en compañía de una botella de licor “Caballito” que toma con fuera en su mano derecha, al ritmo de los chicheros y en medio de la calle. La lluvia tampoco lo espanta.

El olor a tierra húmeda y el sudor combinado con la lluvia desprende de los cuerpos de los personajes un olor rancio que inunda el lugar. Disfrazados y espectadores de todas partes de Nicaragua llegan a pie, en bicicletas, en motos y hasta en carretas haladas por caballos o bueyes.

Se asoma entre la multitud el padre sin cabeza, un mítico personaje que es parte de las leyendas indígenas y que precisamente se trata de un cura que no tiene cabeza. Viene acompañado de dos personajes de Halloween: ghostface, el personaje con máscara plástica de la película “Grita antes de morir” y un monstruo con rostro de hule, típico en las películas de Hollywood.

Del otro lado de la acera viene la Cegua, que en la lengua náhuatl se escribe cihuatl y que significa mujer. La leyenda cuenta que se trata de un personaje mítico espeluznante, que aparenta ser muy bella y se les aparece a los hombres después de la medianoche, cuando éstos vagan embriagados de licor y de infidelidad.

La Cegua se hace acompañar de Drácula, chicas vampiras, Frankenstein, brujas y hasta el hombre Hulk. Éstos últimos usurpan la tradicional procesión de lo agüizotes, fundada en 1970 por siete chávalos indígenas monimboseños, quienes promovieron la conservación de la tradición con la promoción del uso de los personajes míticos: la muerte quirina, la llorona, la carreta nahua, cadejos, duendes, monos, la chancha bruja y los diablos azules, verde y rojo, mismos que cada año son menos frecuentes.

Los organizadores indígenas estiman que más de 7 mil disfrazados, sin contar los mirones, desfilan por las principales calles, bailando al ritmo de los chicheros, consumiendo licor como cargar fuerzas, ánimo y hasta para saciar la sed. Y otros que aprovechan para hacer sus fechorías aprovechando las tinieblas: robos, pleitos y hasta “tocones” a las muchachas que se atreven a participar de la algarabía.

Se dice que en lengua náhuatl “Agüizote” es un animal que trae noticias, pero en mangue (lengua emparentada a la lengua chiapaneco y chorotega) significa animal de misterio. El término “agüizote” se lo atribuyen no sólo al espanto, sino también a los temores de la gente, a la religión, mitos, leyendas y a la misma cosmovisión de la comunidad indígena, que hasta 2005 se calculaban en unos 46 mil habitantes, según último Censo Nacional.

Poco antes de la medianoche, regresan los espantos y personajes de Halloween a la iglesia Magdalena. Las máscaras ya no cubren los rostros y los pasos se mueven de un lado a otro, pero ahora sin música. Uno que otro grita ¡Viva el guaro! Y los demás han olvidado la tradición, se abrazan, cantan, bailan y los personajes que usurpaban ya no importan. La Muerte Quirina baila con Drácula, la Cegua con Batman, una vampiresa con un diablo negro. Al final se trata del mismo agüizote con distinto rabo.

Estéticas:

La procesión de los Agüizotes está llena de personajes míticos y exógenos en la que hay una relación con la oscuridad y con los miedos de la gente. Por eso los disfraces son excéntricos y muy imaginativos.

La cegua, por ejemplo, tiene la cabellera larga y es hecha por los artesanos de Masaya a base de cabuya o de saco macen. La máscara es hecha de almidón, papel y pintura. Sus dientes son los mismos que alguna vez tuvieron los cerdos. Tiene la trompa hermosa como la de un coyote y viste un atuendo blanco como camisón.

Muchos personajes surgen del imaginario que proviene de las leyendas de los indígenas. Al igual que la máscara de la cegua, las tradicionales como el padre sin cabeza, muerte quirina, duendes y diablos son hechas del mismo material y por los artesanos, quienes también fabrican cotonas de dacron o hechos de hojas de elotes o de plantas tradicionales.

Más recientemente los “trajes de fantasías”, es decir, máscaras de hules y disfraces sofisticados, elaborados por casas comerciales o importadas también son parte de la fiesta de los Agüizotes. Ahora también es frecuente que los visitantes se pinten la cara para parecer zombis u otros tipos de monstruos aparecidos en las películas de Hollywood.

Ese escenario (procesión de los agüizotes) también sirve de esparcimiento para la comunidad gay que aprovecha la fiesta para vestirse con atuendos de vampiresas, brujas y mariposas.

Rituales

La procesión de los agüizotes cumple 33 años de celebración en octubre de 2013. Los grupos tradicionales de Masaya cuentan que se trata de una procesión que antes estaba ligada al Torovenado de El Pueblo que consiste en un teatro callejero en el que las personas se disfrazan para ridiculizar a personas de la vida real y espantos. Se trata de un rito heredado por los indígenas de Monimbó en 1855 y que se ha puesto en escena desde entonces.

A partir de 1970 seis muchachos monimboseños propusieron realizar la primera procesión de los Agüizotes, separada del torovenado.  El historiador indígena, David López, asegura que se trata de un ritual a espantos, que antes hacían los indígenas de Monimbó para manifestar sus creencias y sus miedos a los personajes míticos de las leyendas.

El baile, según cuentan los mismos indígenas, representa una burla a los espantos. Las bandas filarmónicas hacen bailar a grandes y pequeños, mujeres y hombres. El son que tocan los chicheros son en su mayoría tradicionales, aunque ahora se han integrados otras músicas de la industria musical norteamericana.

Identidades

La procesión de los Agüizotes representa parte de la identidad de los indígenas de Monimbó, Masaya, ubicada a de 29 kilómetros al sur de Managua. Sin embargo muchos de los masayas desconocen en qué consisten esas fiestas. No pocos son alienados por la industria del espectáculo norteamericano y se disfrazan de personajes exógenos como el “Increíble Hulk”, lo que a criterio de los indígenas promueve una confusión entre la fiesta de los Agüizotes y la celebración de Halloween.

En ese escenario hay mensajes que transmiten. Religiosos locales sugieren que ese ritual emite mensajes satánicos relacionados al ocultismo. No obstante, los grupos tradicionalistas insistes en que se trata de un ritual inofensivo y cultural que representan la idiosincrasia de los monimboseños.

Conclusión

 Es sin duda que la procesión de los Agüizotes es parte de la cultura de los masayas, en donde la comunicación fluye a través de la tradición popular. No se trata de una actividad cultural pura, pues vale recordar que las culturas en la actualidad ya no son pura, sino mixtas.

En este caso, la procesión de los Agüizotes coincide con algunas costumbres de la tradición de la colonia española. Por ejemplo, se sabe que en Castilla de la Mancha, España, se realizaban mímicas de endiablados como parte de la fiesta popular desde hace varios siglos.

Si bien es cierto algunos personajes míticos son propios de la región, como la carreta nahua, que cuentan los historiadores indígenas que se trataba de una carreta que halada por dos bueyes se llevaba en horas de la madrugada a los indios más fuertes para las minas de Perú, se convirtió en el terror de las comunidades indígenas de antaño, y de esa forma fue satanizada, representándola como un carreta enorme, negra, halada por dos bueyes esqueléticos, conducidos por una quirina que conducía hacia el “más allá”.

En la procesión de los Agüizotes convergen todo tipo de personajes tenebrosos, desde los más antiguos y creados por la imaginación de los indígenas, hasta los más recientes, como ghostface. Esto evidencia que a través de la cultura, la comunicación intercultural se ha hecho evidente. Otras culturas exógenas han borrado las fronteras, conducidas por el poder político y mediático, y, han proliferado, incluso ha usurpado otras culturas como ha sucedido con el tiempo en Monimbó

En este caso, la procesión de los Agüizotes coincide con algunas costumbres de la tradición de la colonia española. Por ejemplo, se sabe que en Castilla de la Mancha, España, se realizaban mímicas de endiablados como parte de la fiesta popular desde hace varios siglos.

Si bien es cierto algunos personajes míticos son propios de la región, como la carreta nahua, que cuentan los historiadores indígenas que se trataba de una carreta que halada por dos bueyes se llevaba en horas de la madrugada a los indios más fuertes para las minas de Perú, se convirtió en el terror de las comunidades indígenas de antaño, y de esa forma fue satanizada, representándola como un carreta enorme, negra, halada por dos bueyes esqueléticos, conducidos por una quirina que conducía hacia el “más allá”.

En la procesión de los Agüizotes convergen todo tipo de personajes tenebrosos, desde los más antiguos y creados por la imaginación de los indígenas, hasta los más recientes, como ghostface. Esto evidencia que a través de la cultura, la comunicación intercultural se ha hecho evidente. Otras culturas exógenas han borrado las fronteras, conducidas por el poder político y mediático, y, han proliferado, incluso ha usurpado otras culturas como ha sucedido con el tiempo en Monimbó.

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