6. Gestión educativa al servicio de la calidad y la equidad

Las reformas educativas han puesto especial énfasis en la descentralización de los sistemas educativos como una fórmula que, además de conseguir una mayor eficiencia en la inversión de los recursos, facilitaría una gestión autónoma de los centros, ayudaría a las familias a comprometerse más con la educación de sus hijos, a los docentes a trabajar con mayor autonomía y eficacia y a las autoridades locales a gestionar mejor los recursos. En la mayoría de los casos, el fracaso de la política no ha estado en sus objetivos, que siguen siendo válidos y deseables. Lo que ha fallado es su ejecución, en la que han prevalecido criterios e intereses de tipo administrativo-financiero y de poder político sobre aspectos pedagógicos.

Descentralizar la gestión educativa, tanto a niveles regionales como en las propias escuelas, abre la posibilidad de innovaciones al servicio de la equidad y la calidad. Para ello es preciso que la autonomía escolar vaya acompañada de un conjunto de condiciones, que son: recursos suficientes para desarrollar la autonomía concedida, la asunción de liderazgo por parte del equipo directivo, la gestión democrática de los centros, así  como una mayor participación efectiva de los docentes, padres y madres de familia, entre otras.

1. Establecer modelos de gestión descentralizada, fruto de pactos sociales por la educación.
2. Dotar a la autonomía y la participación de contenidos y ámbitos de desarrollo reales, estableciendo con claridad las competencias de los centros educativos y aportándoles los recursos y el apoyo necesario para hacerlas efectivas.
3. Conservar en manos de la administración central el poder para garantizar la equidad en la atención educativa y la priorización del gasto hacia los sectores más desfavorecidos.
4. Fortalecer el papel de los equipos directivos y docentes como impulsores y dinamizadores de la innovación educativa.
5. Desarrollar estrategias y estímulos para la captación de personal idóneo para los cargos directivos e incentivar su trabajo, a través de estrategias que motiven la reflexión permanente sobre su práctica.
6. Abrir la escuela a la participación de padres y madres, el alumnado y la comunidad educativa en general, al tiempo que involucran la escuela en la vida del entorno.
7. Articular a escuelas en el ámbito local con instituciones universitarias, ONGs especializadas, empresas locales, etc., en la tarea de mejorar su funcionamiento y la calidad de la educación.
8. Dotar a los centros con servicios de apoyo por parte de supervisores que les ayuden y colaboren con su desarrollo en cuestiones pedagógicas, administrativas y organizativas.
9. Fomentar una cultura de rendición de cuentas en los centros educativos, basada en la transparencia.

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