Author Archives: badrdelgado

Taller de búsqueda de información científica

I. Complemente la información recibida con la siguiente presentación elaborada por la doctora Renata Rodrigues:


II. Puede descargar las siguientes obras acerca de la gestión de información científica en la web:

a) Herramientas digitales para periodistas

b) Motores de búsqueda académicos

c) Búsqueda, selección y gestión de información científica académica de los nativos digitales: pocas sorpresas y grandes retos educativos

III. Le recomendamos visitar:

Eduteka

IV. Descargue la adaptación del Manual de Normas APA:

Adaptación UCA del Manual de Normas APA

V. Evalúe el taller: Encuesta

Acceso remoto a bases de datos

La Universidad Centroamericana (UCA) ofrece diversos recursos para que sus estudiantes desarrollen investigaciones científicas y académicas de calidad. Entre ellos se encuentran los repositorios institucional y latinoamericano; la consulta al bibliotecario en línea mediante le sitio web de la Biblioteca José Coronel Urtecho; las bases de datos de acceso gratuito; y más de diez bases de datos de acceso institucional.

Estas últimas, permiten la búsqueda avanzada y la descarga de documentos –entre incontables revistas científicas, archivos académicos y artículos especializados– a quienes accedan desde el campus universitario, o bien, desde fuera de la universidad mediante el acceso remoto.

Para aprovechar el acceso remoto, el estudiantado debe suscribirse desde el sitio web de la Biblioteca José Coronel Urtecho; hecho esto, podrá acceder a seis bases de datos de acceso institucional desde fuera del campus y beneficiarse de sus mejores servicios.

A continuación les mostramos cómo realizar la suscripción y cómo utilizar el acceso remoto:

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Por qué usar el repositorio institucional

Búsqueda de información científica

Durante su día a día, el estudiantado de la Universidad Centroamericana se enfrenta a diversas asignaciones académicas que requieren de la búsqueda de información científica de calidad. La redacción de ensayos, informes, textos expositivos y descriptivos; la elaboración de presentaciones o propuestas sobre diversos temas; y, especialmente, la culminación de estudios, son tareas que exigen la revisión de documentos confiables sobre determinados contenidos.

El repositorio institucional de la UCA responde a esta necesidad de información confiable. En él, la Universidad pone a disposición de su alumnado todos los documentos producidos por ella, por sus institutos y Centros de Investigación durante 50 años. Esta plataforma contiene desde artículos científicos hasta tesis de Pregrado y Posgrado; desde documentos escritos hasta recursos audiovisuales, con el propósito de facilitar el crecimiento intelectual de la comunidad universitaria.

Facilidades de búsqueda

El repositorio institucional ofrece diversas facilidades para la búsqueda de información científica y académica. En su plataforma, podés consultar las obras según el año, la materia, la dependencia y la autoría. También se puede revisar las últimas adiciones y aprovechar el sistema de búsqueda avanzada, la cual permite filtrar los resultados de manera específica. Finalmente, es posible descargar los archivos encontrados para ser usados desde el celular, la tableta o la computadora personal.

Aquí les facilitamos tutoriales sobre cómo buscar información mediante el repositorio institucional:

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XV Encuentro de Jóvenes Investigadores

El Encuentro de Jóvenes Investigadores se organiza anualmente con el propósito de estimular el espíritu de investigación en los estudiantes de la UCA desde sus primeros años de estudio y promover la excelencia académica desde la práctica investigativa.

  • Podrán participar las y los estudiantes activos de cualquier carrera de pregrado con trabajos investigativos de curso, sistematizaciones o monografías aún sin defender.
  • El Encuentro abarca diez áreas temáticas: a) Administración de Empresas, b) Economía, c) Derecho, d) Ciencias Ambientales, e) Tecnología, f) Ciencias Sociales, g) Psicología, h) Ciencias de la Comunicación i) Marketing j) Arquitectura.

Para participar:

Lo/as estudiantes pueden participar en categoría de ponencia o de póster. Para inscribir su participación deberán llenar una ficha en línea ingresando al sitio web:

dirinv.uca.edu.ni La ficha también puede enviarla a la Dirección de Investigación y Proyección Social al correo: dirinv@ns.uca.edu.ni. Para asegurar su calidad, tanto el INFORME como el PÓSTER deberán tener el visto bueno del tutor. 

  1. Ponencias

Los participantes deberán enviar, junto con la fi­cha de inscripción, un INFORME de 3,000 palabras (aproximadamente 6 páginas)

El informe debe contener:

  • Título
  • Introducción
  • Hipótesis (si aplica)
  • Marco teórico
  • Metodología
  • Resultados
  • Discusión
  • Conclusión
  • Referencias Bibliográficas (Normas APA) 
  1. Póster

Los participantes deberán enviar junto con la ­ficha de inscripción el diseño (digital) del póster que desean presentar.

Orientaciones para el diseño del póster:

Estructura del póster:

  • Título
  • Hipótesis (si aplica)
  • Ideas principales del marco teórico
  • Metodología
  • Resultados principales
  • Conclusiones más importantes

El póster debe medir 120 cm x 90cm (en orientación vertical). Este puede decorarse con alguna foto, mapa, tabla o dibujo. Lo más importante del póster, es que transmita el contenido de la investigación.

Mecanismo de evaluación.

Se constituirá un jurado de expertos por área temática, quienes estarán a cargo de la revisión de los informes y posters inscritos.

  1. Con base en el REPORTE, el jurado seleccionará los cinco mejores trabajos de cada temática, que pasarán a competir por los premios el día del evento mediante una PRESENTACIÓN ORAL de 15 minutos de extensión más 5 minutos de preguntas y respuestas.
  1. La evaluación de los trabajos se distribuirá entre el REPORTE escrito, que recibirá el 60% del puntaje, y la PRESENTACIÓN ORAL, que recibirá el 40%. Los aspectos a evaluarse son: calidad de la presentación formal, coherencia lógica interna, originalidad y abordaje, dominio del tema, claridad de exposición de las ideas y capacidad de síntesis.
  1. Paralelamente, el jurado evaluará los POSTERS participantes en formato digital. La DIRINV imprimirá los tres POSTERS mejor evaluados de cada área. Éstos serán exhibidos el día del evento y el resultado ­final será anunciado durante la ceremonia de premiación. El costo de impresión del póster será asumido por la Dirección de Investigación y Proyección Social.

Conversatorios:

La Dirección de Investigación y Proyección Social organiza tres conversatorios previos al Encuentro de Jóvenes Investigadores. Los conversatorios tienen como objetivo facilitar herramientas a las y los estudiantes en el desarrollo de su investigación, además de poder compartir los temas que están trabajando. 

  1. ¿Cómo buscar información científica para investigación? (09 de junio de 2015)
  2. ¿Cómo construir el marco teórico? (17 de junio de 2015)
  3. Preparar un reporte, ponencia y póster de mi investigación (14 de julio de 2015). 

Premiación:

El día del evento se llevará a cabo una Ceremonia de premiación en la que se anunciarán los trabajos ganadores en cada área temática. El fallo del jurado será inapelable. En cada área se entregará un diploma de reconocimiento y premio en efectivo a los tres primeros lugares en cada categoría

 Ponencia

Primer lugar US$ 120.00

Segundo lugar US$ 80.00

Tercer lugar US$ 60.00

 Posters

Primer lugar US$ 100.00

Segundo lugar US$ 70.00

Tercer lugar US$ 50.00

A falta de calidad, el jurado podrá declarar cualquier premio desierto.

Los trabajos ganadores en posters representarán a la UCA en eventos científicos estudiantiles a nivel nacional y los ganadores en presentaciones orales participarán como oyentes en el Congreso Interdisciplinario de Investigación de la UCA.

 Calendario:

Fecha límite de Inscripción 27 de agosto, 2015

Día del encuentro y Ceremonia de Premiación 16 de octubre, 2015

C

Compromisos éticos del investigador

El investigador ético no se debe a sí mismo, sino a su lector: si entiende esta afirmación, asume los compromisos al momento de ejercer su labor, y encuentran sentido las palabras de la Unesco, citadas por Aznar (1999, p. 167), en referencia al derecho a la información verídica: “el pueblo y las personas tienen el derecho a recibir una imagen objetiva de la realidad por medio de una información precisa y completa”. Este retrato proviene tanto de la faena exploratoria del investigador como de su responsabilidad con la transmisión veraz de los hechos.

En ningún momento el investigador se vuelve protagonista de su análisis ni esquiva su función de intermediario entre la realidad y su receptor. Siempre, desde una condición muy modesta, no hace más que asimilar la realidad, el único objeto de estudio: la verdadera protagonista. Sin embargo, a pesar de esta condición secundaria, el investigador está comprometido con los principios éticos de su profesión. De hacerlo, su error no solo perjudicará su credibilidad, sino también producirá graves consecuencias en la reconstrucción de la realidad tanto en su presente como en el futuro.

Únicamente a través del tratamiento objetivo, se evita alteraciones de la verdad. Al emitirse juicios libres de posturas personales, el investigador no sobrecarga su trabajo con circunspecciones que no necesariamente tienen que ver con la reconstrucción realista de un hecho. Acerca de esto, Echaniz, A. & Pagola, J. (2004) trasladan las implicaciones de una investigación mal lograda al cuadro de la moral:

El ideal supremo de todo informador es decir la verdad objetivamente, reflejar la realidad sin manipulaciones, para así poder dar plenitud al derecho de la información. Toda manipulación deliberada de la verdad, que la sociedad tiene derecho a conocer, es una inmoralidad (p. 63).

Hay que ser muy cuidadoso con el tratamiento de la información, pues la objetividad es una característica muy difícil de conseguir. No es cierto que el investigador está completamente libre de una visión subjetiva, en especial al momento de discernir entre sus fuentes de documentación. El grado de verdad de estas será reconocido, en un principio, por el criterio y la certeza del investigador, cualidades propias en cada individuo. Por tanto, se debe ser objetivo desde este primer momento. Es necesario presentar un buen desarrollo de los sentidos  en función de reconocer qué es cierto y qué contradice la verdad.

El investigador estudiado, quien consulta una variedad de fuentes de información con una lectura crítica, puede aliarse con la objetividad sin importar su visión subjetiva. Desde este momento, comienza el compromiso ético con su receptor. Uno actúa de manera correcta al utilizar sus propios conocimientos, necesarios para fines exploratorios. Quien no domina su tema de estudio difícilmente podrá diferenciar una buena cita textual de un comentario deficiente.

Actualmente, en un ámbito donde los contenidos suelen estar saturados, el investigador debe lidiar con la molestia de discriminar entre lo verídico y lo deshonesto. Gracias a la facilidad de Internet para crear y reproducir información, cualquiera puede presentar sus puntos de vistas como si se tratasen de una verdad irrefutable. De tal modo, sobreabundan blogs y sitios web comerciales que desvaloran la importancia de una información honesta. Tampoco quiere decir que los libros están exentos de ficciones. La información errónea está presente en diversas plataformas. Por tal motivo, Rodríguez (1994) se cuestiona qué se debe hacer situaciones:

La valoración de credibilidad de una fuente es, en la mayor parte de los casos, bastante más difícil y aventurado que hacer lo propio con una información. ¿Cómo podemos detectar que una fuente, asidua o no, está mintiendo o fantaseando? ¿Cómo conocer la personalidad de una fuente puramente ocasional? Es muy difícil, muy difícil, pero hay que intentarlo (p. 80).

Estos intentos deben tener presente el compromiso ético del investigador con su público. Después de todo, la ética tiene que ver con la postura humana ante lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Para identificar ambas posturas, se debe investigar ambas, hay que conocerlas primero. Se debe leer una información verídica siendo consciente de su validez y aporte investigativo. De igual manera, uno debe leer una información errónea siendo consciente de la carencia de objetividad y prestigio. Esta doble lectura contribuye al desarrollo de la imparcialidad, otra cualidad infaltable en el investigador ético.

Si se quiere romper una cadena de desinformación, se debe afrontar la ignorancia con conocimiento. Solo el investigador estudiado, sin desviaciones académicas en su labor, tiene los conocimientos suficientes para saber cuándo una fuente miente y cuándo no. A la vez, entre una variedad de fuentes, puede reconocer la trascendencia investigativa que puede aportar a su trabajo. Su comportamiento corresponderá al perfil investigativo descrito por la Universidad Centroamericana (2013, p. 8): indagará “con responsabilidad, honestidad, rigurosidad científica y transparencia en todo el proceso investigativo”.

Luego de determinar la calidad de una fuente, corresponde atribuirle su valor y sus méritos a través de un adecuado uso de las citas. También se actúa con honestidad cuando no se irrespetan los derechos de autor, definidos por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual  (s.f., p. 18) como “el cuerpo de leyes que concede a los autores, artistas y demás creadores protección por sus creaciones literarias y artísticas, a las que generalmente se hace referencia como obras”.

A pesar de que un investigador, como se ha dicho, jamás se convierte en protagonista de su trabajo, no implica el desconocimiento de esfuerzo intelectual. En este punto, se vuelven trascendentales los manuales de publicación para citar en cualquier tipo de documento académico, de los que sobresalen el estilo APA (Asociación Estadounidense de Psicología, pos sus siglas en inglés) y el estilo de la Universidad de Chicago.

Va contra la ética atribuirse descubrimientos e interpretaciones investigativas de otros, pues se vale de recursos fraudulentos como la deshonestidad, irresponsabilidad y manipulación de datos. Boytha (1980), citado por Rojas y Olarte (2010, p.1),  define el plagio, unos de los males académicos más comunes, como “el acto de ofrecer o presentar como propia, en su totalidad o en parte, la obra de otra persona, en una forma o contexto más o menos alterados”.

Cada quien debe ser capaz de producir su propio contenido; para hacerlo, no es necesario recurrir a la mentira, sino integrar el aporte de otro autor al propio, o viceversa, como sea el caso. Por ejemplo, un documento que defina la propiedad intelectual puede complementarse con el enfoque investigativo y la capacidad interpretativa de quien está citando. Además de atribuir sus derechos de autor, se generará contenido nuevo y no se frena el proceso de aprendizaje. Vale aclarar que una investigación ética no solo se trata de citar a diestra y siniestra sin que se produzca una mirada auténtica. De ocurrir esto, se estaría subestimando al lector y, en consecuencia, engañándole.

Queda claro el compromiso del investigador con su público, pero qué pasa con quiénes están del otro lado del puente informativo. Si bien el lector merecer consideración, lo mismo ocurre con el objeto –si es que no hay una palabra menos despectiva– de información. Berrocal y Buendía (s.f.) aseguran que “un acto ético es el que se ejerce responsablemente, evitando el perjuicio a personas, que a veces se realiza inconscientemente, por estar vinculado el daño a los métodos que el investigador utiliza para la consecución de sus fines”.

Cuando se prioriza el fin académico sobre el medio o fuente de documentación, se falta a la ética investigativa. El investigador además de comprometerse con su proceso de trabajo, lo está con sus efectos. En algunos casos es preferible la confidencialidad antes que difundir información que afecte injustamente a terceros; por ejemplo, si se divulga algunos datos personales de personas tratadas o de menores de edad. El investigador debe ingeniársela para desempeñar su oficio con cautela. Lo mismo ocurre cuando se trabaja en un ámbito que requiere de experimentaciones: se falta a la ética si mediante estas se perjudica a los objetos de análisis. En tal caso, ¿dónde quedaría la ética?, ¿qué pasaría con el desarrollo humano, fin de toda investigación? Ciertamente, habría mayor se preferiría lo incorrecto: las desventajas en vez de a los beneficios.

La ética contribuye a cumplir de manera efectiva el propósito de toda investigación, sea de la índole que sea: adquirir nuevos conocimientos para el bien del desarrollo humano. Por una parte, solo se puede producir información auténtica mediante un registro y una interpretación correcta de las obras de otros autores y de la realidad analizada en el trabajo de campo. Por otra parte, para favorecer el desarrollo humano, se deben priorizar los derechos de los seres vivos vinculados al trabajo, sobre fines egoístas. En ambos casos, la responsabilidad y la honestidad deben nutrir este compromiso ético del investigador.

 

Lista de referencias

Aznar, H. (1999). Ética y periodismo: Códigos, estatutos y otros documentos de regulación. Barcelona, España: Editorial Paidós.

Berrocal, E. & Buendía, L. (s.f.). La Ética de la Investigación Educativa. Recuperado de http://www.uhu.es/agora/version01/digital/numeros/01/01-articulos/miscelanea/buendia.PDF

Echaniz, A. &Pagola, J. (2004). Ética del profesional de la Comunicación. España: Desclée.

Organización Mundial de Propiedad Intelectual. (s.f.). ¿Qué es propiedad intelectual? Recuperado  de http://www.wipo.int/export/sites/www/freepublications/es/intproperty/450/wipo_pub_450.pdf

Rodríguez, P. (1994). Periodismo de investigación: técnicas y estrategias. Barcelona, España: Editorial Paidós.

Rojas, M. & Olarte, J. (2010). Plagio en el ámbito académico. Recuperado de http://web.b.ebscohost.com/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=ec2ea41d-1caf-4049-aeeb-77d5729285d2%40sessionmgr111&vid=1&hid=125

Universidad Centroamericana. (2013). Código de Ética en la Investigación. Nicaragua: UCA Publicaciones

Desafíos en el proceso educativo de los nativos digitales

El panorama educativo suele considerar que los jóvenes dominan por naturaleza las tecnologías de la información, aprovechándolas para fines académicos y profesionales. Se les atribuye capacidades para buscar, evaluar y utilizar información de calidad en Internet. Esta conjetura parte de la idea de que las nuevas generaciones, al llevar consigo la etiqueta de nativos digitales, están familiarizados con el manejo de computadoras y teléfonos móviles desde temprana edad, por el simple hecho de haber nacido en una época –las últimas dos décadas del siglo pasado– donde globalmente la tecnología digital estaba bastante desarrollada y al alcance de muchos.

En Nicaragua, la comunidad universitaria no está exenta de este tipo de suposiciones que, más que ocasionar algún bien entre los jóvenes, provoca que las autoridades académicas subestimen posibles vacíos en competencias informacionales, tales como el desconocimiento de fuentes de información certificadas por la comunidad científica y la falta de propiedad al citar textos de otros autores. Por tanto, es un error suponer que las nuevas generaciones dominan las tecnologías de la información, cuando no se ha analizado con detalle la forma en que utilizan las computadoras, los celulares y las tabletas electrónicas para fines académicos.

En lo que concierne a la Universidad Centroamericana (UCA), para valorar el nivel de estas competencias en sus estudiante de pregrado, la Dra. Renata Rodrigues investigó sobre los usos, hábitos y conocimientos básicos para desarrollar tareas de búsqueda, gestión y comunicación de la información académica. Los resultados de este análisis se reflejan el artículo científico Búsqueda, selección y gestión de información académica de los nativos digitales: pocas sorpresas y grandes retos educativos, cuyos resultados señalan que existe una práctica “poco estratégica y reflexiva sobre la búsqueda la búsqueda y documentación de información para fines académicos”, a pesar de que se valore “como muy importante la capacidad de comunicar y difundir la información” (p. 52).

El documento parte del concepto pronunciado por Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios e Instituciones (IFLA, por sus siglas en inglés) para caracterizar la alfabetización informacional: “capacita a la gente de toda clase y condición para buscar, evaluar, utilizar y crear información eficazmente para conseguir sus metas personales, sociales, ocupacionales y educativas” (p. 54). Por lo mismo, la propuesta educativa de la UCA, a través de su Programa Integral para Potenciar las Competencias Informacionales (Compeinfo), agrupa en cuatro categorías los saberes relacionados con esta disciplina: (1) planificar la búsqueda, (2) buscar y evaluar, (3) analizar y procesar, (4) divulgar y difundir la información.

Rodrigues, desde su condición de investigadora y vicerrectora académica de la UCA, sostiene que la universidad enfrenta dos obstáculos fundamentales para el desarrollo de las capacidades mencionadas (p. 52): la poca conciencia entre estudiantes y docentes sobre la importancia del tema, y sobe las limitaciones significativas que presenta al respecto. En términos exactos, obtenidos a través de la aplicación de un cuestionario a 620 estudiantes de la UCA en 2013, el artículo señala el 50% de los encuestados no conoce las estrategias avanzadas de búsqueda de información (uso de operadores booleanos, búsqueda avanzada de información, etc.) y que el 50% afirma que no sabe acceder y usar los catálogos de la Biblioteca José Coronel Urtecho.

Luego de analizar el resultado de los cuestionarios, que contempla desde el acceso a Internet de los estudiantes hasta el conocimiento de una legislación sobre la propiedad intelectual, la autora reconoce grandes oportunidades para solucionar insuficiencias relacionadas, entre otras, a la definición de estrategias de búsqueda de información, el manejo de bases de datos científicas y la selección de información confiable. Es aquí donde interviene el Programa Integral para Potenciar las Competencias Informacionales. Apuntando más allá de las conjeturas peligrosas construidas socialmente, el programa acompaña a los nativos digitales en su profeso de formación. De esta manera, al reconocer las carencias de los jóvenes al respecto, fomenta un empleo eficiente, crítico y ético de las tecnologías de la información y de la comunicación para aplicarse en el desarrollo de tareas y de trabajos personales o colectivos.

Referencia

Rodrigues, R. (2014). Búsqueda, selección y gestión de información académica de los nativos digitales: pocas sorpresas y grandes retos educativos. Digital Education Review. Recuperado de http://revistes.ub.edu/index.php/der/article/view/11580/14440

 

Cómo buscar y usar información científica

En defensa de que las competencias informacionales fortalece el bagaje intelectual de profesionales y universitarios, el español Luis Javier Martínez señala una serie de recomendaciones que agilizan la búsqueda y el tratamiento de literatura científica, en su libro Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes universitarios 2013. Estas sugerencias, acompañada por una guía de repaso a lo largo de 12 capítulos, promueven la práctica de la labor investigativa a favor de la generación de conocimientos activos y novedosos.

Para evidenciar la transcendencia de las competencias informacionales, el autor parte de su utilidad en la autoformación académica, a la luz de su aplicación en el campo profesional. Trátese del ámbito laboral que sea (medicina, economía, periodismo, química, etcétera), los individuos requieren  actualizar sus saberes conforme a las demandas de la sociedad. El conocimiento, así como el mundo mismo, está en constante evolución. Es aquí donde entra en escena las capacidades de los estudiantes y titulados universitarios para tratar literatura científica de forma independiente, valiéndose de las tres competencias señaladas por Martínez (p.13): encontrar, evaluar y utilizar información científica.

Durante la búsqueda de contenido científico en la Web, intervienen estrategias de planificación y evaluación de la literatura en función de los fines investigativos. Contrario a lo que comúnmente se piensa, el autor asegura que en este proceso “el problema no es la falta, sino la saturación de información”. Abundan los sitios webs que presumen hechos verídicos, a pesar de carecer –entre otros elementos– de vigencia, rigor, consistencia, relevancia, objetividad y suficiencia. Por ello,  Martínez nos recomienda dejar a un lado las páginas comerciales y sin restricciones colaborativas, y nos anima a consultar las fuentes de documentación más convincentes, como los sitios educativos y de investigación, y las revistas científicas alojadas en las bases de datos.

Por su parte, la evaluación del contenido depende, en gran medida, de factores definidos previo al proceso de búsqueda. La delimitación del problema marca la pauta para responder qué resulta útil según nuestro propósito investigativo. A lo mejor se ha escrito mucho sobre nuestro tema, pero no significa que todo ello nos sea de provecho. No basta con quedarse con la información de siempre, la más trivial; hay que inclinarse por la de mayor relevancia. Ante esto, el libro enfatiza en la importancia de la visión crítica del investigador, la cual le ayuda a reconocer los documentos más apropiados y las herramientas de búsqueda óptimas.

Martínez recomienda aprovechar los recursos de información que ofrecen las bibliotecas universitarias. Valiéndose de ejemplos concretos, provenientes de espacios educativos a nivel global, explica cómo usar herramientas que permiten acceder al conocimiento científico desde la Web. Si bien los elementos a disposición varían según cada instancia académica, estos coinciden en cuanto al empleo de bases de datos, gestores bibliográficos y catálogos en línea,  sin importar que sea la Universidad de Barcelona, de Sídney, de Cardiff o de Washington –todas ellas citadas en el libro–.

En última  instancia, respecto al uso eficaz y legítimo de la información, Martínez sostiene que en vista de que “la ciencia se define como un saber simultáneamente acumulativo y crítico” (p.10), los investigadores debe aportar su mirada crítica a los documentos de otros autores, con la finalidad de aprender y crear conocimiento con sus trabajos académicos. Para conseguirlo, hace falta respetar la autoría y el esfuerzo de los demás través de un sistema de citas y referencias, según el estilo bibliográfico que esté usándose. Asimismo, se requiere dominar cuestiones propias de la expresión escrita, rama del lenguaje de carácter fundamental a la hora de comunicar resultados investigativos a la comunidad científica. Detalles como estos elevan el nivel de los trabajos académicos.

En síntesis, en cada una de estas etapas de tratamiento de la información científica –búsqueda, evaluación y uso–, el investigador debe presentar la postura de documentarse por cuenta propia, fomentando su aprendizaje en todo momento. De nada sirve disponer de las mejores herramientas y recursos, si no existe un interés por apropiarse de ellas. Por lo mismo, Martínez incita a sus lectores a instruirse de manera independiente, lo que no quiere decir que ignoren las enseñanzas de los docentes universitarios, y los recursos bibliotecarios. Más bien, de la mano de ellos, uno debe ir hacia los textos, en vez de esperar que vengan hacia uno (p. 121). Los documentos, como el libro Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes, solo simbolizan una herramienta a disposición de los usuarios. De nosotros depende transformarlos en conocimiento.

Referencia

Martínez, L. J. (2013). Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes universitarios 2013. Santander, España: Universidad de Cantabria.

¿Cómo saber si las fuentes de información electrónica son confiables?

Por Carolina Palacios

Cuando nos corresponde hacer una investigación o búsqueda de alguna información específica para un trabajo, ya sea académico o profesional, nos encontramos con una cantidad de información en internet que no es veraz, productiva o bien sustentada como para ser utilizada para referencia o cita.

Es por ello, que debemos aprender a localizar el origen de nuestras fuentes, que son las que nos generan la información o los recursos para nuestros trabajos. Analizar la información es clave para encontrar contenido de calidad y veracidad.

Algunos criterios importantes sobre qué debemos tomar en cuenta para saber si las fuentes electrónicas encontradas son confiables, serían:

  • Autor: debe figurar el nombre del escritor o nombre de la organización, institución o quien que sea el responsable de la página. Es muy importante saber quién escribió el contenido de la página consultada, si se puede acceder a su contacto, qué competencias desarrolla y si tiene conocimiento en la materia.
  • Fuentes: es relevante ver qué fuentes consultó el autor, si hay una referencia bibliográfica en la que se basó para publicar. Debe figurarse los enlaces a los sitios.
  • Dominio de la página: identificar si se trata de una página educativa o comercial, de una institución u organismo, sin fines de lucro. Por ejemplo: la extensión de dominio: .edu, .ac, .org. gob, .net, .es.
  • País de origen: según la información que deseemos obtener en la búsqueda, es importante conocer de dónde procede el país de origen de la información.
  • Actualización: tomar en cuenta la fecha de actualización y modificación de la página y el contenido.
  • Finalidad u objetivo del sitio web: importante saber a quién va dirigido el contenido y con qué fin, si pretende informar, explicar o vender algún servicio.
  • Organización: el sitio debe estar organizados lógicamente de manera que cada sección de información se relacione con los demás.
  • Estética y diseño: prestar atención al diseño de la página, si es moderno o antiguo, si hay errores de gramática y ortografía. La calidad de los enunciados puede ser un indicador del celo por una redacción más profesional.

En definitiva, debe considerarse que la información encontrada debe ser analizada, discriminada y utilizada según este criterio.