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Cómo buscar y usar información científica

En defensa de que las competencias informacionales fortalece el bagaje intelectual de profesionales y universitarios, el español Luis Javier Martínez señala una serie de recomendaciones que agilizan la búsqueda y el tratamiento de literatura científica, en su libro Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes universitarios 2013. Estas sugerencias, acompañada por una guía de repaso a lo largo de 12 capítulos, promueven la práctica de la labor investigativa a favor de la generación de conocimientos activos y novedosos.

Para evidenciar la transcendencia de las competencias informacionales, el autor parte de su utilidad en la autoformación académica, a la luz de su aplicación en el campo profesional. Trátese del ámbito laboral que sea (medicina, economía, periodismo, química, etcétera), los individuos requieren  actualizar sus saberes conforme a las demandas de la sociedad. El conocimiento, así como el mundo mismo, está en constante evolución. Es aquí donde entra en escena las capacidades de los estudiantes y titulados universitarios para tratar literatura científica de forma independiente, valiéndose de las tres competencias señaladas por Martínez (p.13): encontrar, evaluar y utilizar información científica.

Durante la búsqueda de contenido científico en la Web, intervienen estrategias de planificación y evaluación de la literatura en función de los fines investigativos. Contrario a lo que comúnmente se piensa, el autor asegura que en este proceso “el problema no es la falta, sino la saturación de información”. Abundan los sitios webs que presumen hechos verídicos, a pesar de carecer –entre otros elementos– de vigencia, rigor, consistencia, relevancia, objetividad y suficiencia. Por ello,  Martínez nos recomienda dejar a un lado las páginas comerciales y sin restricciones colaborativas, y nos anima a consultar las fuentes de documentación más convincentes, como los sitios educativos y de investigación, y las revistas científicas alojadas en las bases de datos.

Por su parte, la evaluación del contenido depende, en gran medida, de factores definidos previo al proceso de búsqueda. La delimitación del problema marca la pauta para responder qué resulta útil según nuestro propósito investigativo. A lo mejor se ha escrito mucho sobre nuestro tema, pero no significa que todo ello nos sea de provecho. No basta con quedarse con la información de siempre, la más trivial; hay que inclinarse por la de mayor relevancia. Ante esto, el libro enfatiza en la importancia de la visión crítica del investigador, la cual le ayuda a reconocer los documentos más apropiados y las herramientas de búsqueda óptimas.

Martínez recomienda aprovechar los recursos de información que ofrecen las bibliotecas universitarias. Valiéndose de ejemplos concretos, provenientes de espacios educativos a nivel global, explica cómo usar herramientas que permiten acceder al conocimiento científico desde la Web. Si bien los elementos a disposición varían según cada instancia académica, estos coinciden en cuanto al empleo de bases de datos, gestores bibliográficos y catálogos en línea,  sin importar que sea la Universidad de Barcelona, de Sídney, de Cardiff o de Washington –todas ellas citadas en el libro–.

En última  instancia, respecto al uso eficaz y legítimo de la información, Martínez sostiene que en vista de que “la ciencia se define como un saber simultáneamente acumulativo y crítico” (p.10), los investigadores debe aportar su mirada crítica a los documentos de otros autores, con la finalidad de aprender y crear conocimiento con sus trabajos académicos. Para conseguirlo, hace falta respetar la autoría y el esfuerzo de los demás través de un sistema de citas y referencias, según el estilo bibliográfico que esté usándose. Asimismo, se requiere dominar cuestiones propias de la expresión escrita, rama del lenguaje de carácter fundamental a la hora de comunicar resultados investigativos a la comunidad científica. Detalles como estos elevan el nivel de los trabajos académicos.

En síntesis, en cada una de estas etapas de tratamiento de la información científica –búsqueda, evaluación y uso–, el investigador debe presentar la postura de documentarse por cuenta propia, fomentando su aprendizaje en todo momento. De nada sirve disponer de las mejores herramientas y recursos, si no existe un interés por apropiarse de ellas. Por lo mismo, Martínez incita a sus lectores a instruirse de manera independiente, lo que no quiere decir que ignoren las enseñanzas de los docentes universitarios, y los recursos bibliotecarios. Más bien, de la mano de ellos, uno debe ir hacia los textos, en vez de esperar que vengan hacia uno (p. 121). Los documentos, como el libro Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes, solo simbolizan una herramienta a disposición de los usuarios. De nosotros depende transformarlos en conocimiento.

Referencia

Martínez, L. J. (2013). Cómo buscar y usar información científica: Guía para estudiantes universitarios 2013. Santander, España: Universidad de Cantabria.